Cultura Hñähñu de Querétaro

 

En el estado de Querétaro la concentración más numerosa  de hablantes de lengua indígena se localiza en la región otomí de Amealco, con 13 007 hablantes.

Los otomíes ocupaban  parte  de  los  actuales  estados de Hidalgo y México. La incursión a las tierras  que  posteriormente  conformaron el  estado  de  Querétaro  respondió  a  intereses  de  índole  estratégica  en  la  época  prehispánica.

Durante el arribo de los  españoles, la administración  colonial  aprovechó  las alianzas  que  los  señoríos  otomíes  habían  logrado  con  otros  grupos;  así  se inició  la  fundación  de  los  pueblos del semidesierto  queretano.

Las fundaciones  con  concentración  otomí  más  importantes del semidesierto fueron las de San Pedro Tolimán en 1532, Tolimanejo, hoy Colón, en 1550 y en 1640 Cadereyta.

En la religión otomí predomina el culto asociado a elementos naturales (cerros, manantiales,  mojoneras,  etcétera)  y  a deidades duales que castigan y protegen (santos y ánimas), cosmovisiones que permiten a los  otomíes  asumir  una  identidad  propia  con  una  tradición  y  un  culto  compartido entre ellos.

Los  relatos  de  fundación  u  origen  son mantenidos  en  la  memoria  y  evocados durante las festividades de los santos patronos, las peregrinaciones y las prácticas de los personajes rituales.

En  todas  las  comunidades  otomíes los mitos de fundación se transmiten y se recuerdan de manera oral de generación en generación. Cerros,  manantiales,  arroyos  y  mojoneras constituyen lugares sagrados para los otomíes de esta región. 

Parecería que las poblaciones indígenas de estas áreas se encuentran desconectadas entre sí. Sin embargo, un mismo origen, una historia compartida y un continuo intercambio comercial y ritual que ignoró límites estatales las han mantenido unidas a través del tiempo, formando lo que consideramos una región étnica otomí.

Lamentablemente, el Hñäñho está siendo desplazado por el español. En los municipios del Estado de México de esta región hay un predominio de localidades con menos de 20 por cierto de hablantes  de  lengua  indígena,  mientras que  en  las  comunidades  otomíes  del municipio  de  Amealco,  en  el  estado de Querétaro, el hñäñho prevalece en el uso cotidiano de las familias.

Las  lenguas  suelen  presentar  diversas variantes, aun entre poblaciones cercanas entre sí se da  en  esta región otomí, donde se pueden identificar,  por  lo  menos,  tres  variantes  del hñäñho: el de San Ildefonso Tultepec, el de Santiago Mexquititlán y el de las comunidades del sureste de esta región.

Las comunidades otomíes se integran en conjuntos de asentamientos semidispersos, es decir, no integrados en retículas urbanas,  por  lo  que  a  simple  vista  parece  que  son  una  serie  de  caseríos  independientes.

Las  comunidades  están conformadas por localidades que se reconocen como pertenecientes a un mismo  centro  rector  y  a  un  mismo  origen histórico y mítico, por lo que una misma comunidad otomí en esta región llega a integrarse hasta en más de diez localidades semidispersas. Con el tiempo, muchos de estos espacios parentales han crecido y se han convertido  en  los  actuales  barrios,  tal como se puede apreciar en la comunidad de Dongú en el Estado de México, en San Ildefonso y San Miguel Tlaxcaltepec en Querétaro.

La casa comprende el espacio físico donde se desarrolla la vida otomí. La vivienda tradicional es de una sola planta y está construida de adobe, con techo de vigas de pino o cerezo y tejas, aunque esto se ha ido modificando con el tiempo.

Las comunidades otomíes de la región se encuentran ensambladas por un sistema de parentesco que, si bien es bilateral al reconocer  parientes  maternos  y  paternos, se rige por una serie de elementos patrilineales (reglas y derechos adquiridos por la vía paterna), entre los cuales recae la relación y responsabilidad al contar con una capilla familiar, que representa el espacio oratorio y donde descansan los que se han adelantado y marcan relevancia entre las celebraciones patronales, en algunos casos estas pueden pasar a formar parte representativa de un barrio, ya que son parte de sus ancestros y linajes.

En  las  comunidades  otomíes  de  la región también existe una relación muy estrecha con la naturaleza y el entorno, especialmente los cerros y las fuentes de agua, con los cuales han tejido un conjunto de mitos y rituales vinculados al origen, la fertilidad,  la  salud  y  la  muerte. 

Las fiestas religiosas y la relación con la naturaleza y la tierra, van ligadas como parte de la importancia de las creencias otomíes, y marcan las temporadas en las que realzian sus períodos de agricultura.

La siembra del maíz  es, pues, una actividad altamente ritualizada y, al estar unida a la tierra, está vinculada a las familias que la poseen y habitan. El calendario religioso-ritual va unido al ciclo agrícola y establece  las  fiestas  de  cada  uno  de  los santos, las imágenes y los símbolos religiosos que protegen a cada comunidad. En las fiestas patronales, las comunidades llevan de visita sus imágenes a los templos de las localidades vecinas. Esta práctica ritual es común para toda la región.

Dada  la  importancia  cosmogónica que  tienen  las  ánimas  en  las  creencias de  los  otomíes,  una  de  las  festividades que a más gente congregan, en términos regionales,  es  la  festividad  del  Día  de Muertos, que se lleva a cabo en noviembre. También es el tiempo de cosechar, agradecer y compartir los productos del año con los antepasados

Las  familias  se  desarrollan  dentro de  una  economía  de  autosubsistencia, basadas en la agricultura  de  temporal. La  mayoría  de  las  familias  otomíes realizan sus actividades agrícolas en tierras de tipo ejidal y de pequeña propiedad, las tierras comunales son muy pocas.

La especialización de las comunidades en la producción o recolección de ciertos productos generó un tráfico comercial y social permanente; entre los más importantes se cuentan las maderas (tanto para construcción como para combustión), el pulque, las flores, hortalizas, hierbas medicinales y los animales de corral.

A  pesar  de  las  adversidades,  de  los diversos embates y tendencias tanto internos como externos que han empujado  hacia  la  disolución  de  muchas  comunidades y pueblos indígenas, algunos han  podido  sobrevivir,  reproducirse  e incluso crecer, sin perder su identidad, su dinámica sociocultural y sus particularidades lingüísticas y culturales.

 

Bibliografía

Jiménez Gómez, J. R. 2008. La República de Indios en Querétaro 1550-1820,  Universidad  Autónoma  de  Querétaro /  Miguel  Ángel  Porrúa,  2da  edición, México.

INEGI, 2010. INEGI: censo de población y vivienda 2010, Resultados definitivos, México  

Questa-Rebolledo, A,. Utrilla-Sarmiento, B., 2006, Otomíes del Norte  del estado de México y sur de Querétaro, Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Ciudad de México. 59 p.

Amealco de Bonfil. 2015. Plan Municipal de Desarrollo 2016-2018 Amealco de Bonfil, Qro. Gaceta Municipal no.9. pags.: 1-90

Mendoza-Rico, M.; Ferro-Vidal, L. E.; Solorio Santiago, E.  2006. Otomíes  del  semidesierto  queretano. Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Ciudad de México, 48 p.

 

 

 

Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio
Festival Itinerante por la Cultura de los Hongos Silvestres 2018, México